yoobligadoalpago
No soy el marido de ninguna sinvergüenza de la Familia Real, no tengo 1.400.000 euros negros que blanquear. Por eso ni el Ministerio de Hacienda, ni Cristóbal Montoro, ni ningún notario ni registrador propenso a los errores simultáneos y estadísticamente imposibles acepta colaborar conmigo para evitar que la mangante de Cristina Cifuentes se cuele en mi humilde y controlada cuenta corriente de Triodos Bank a robarme 360 euros, que es lo que me costó acudir el 27 de abril de 2012 a una manifestación en apoyo a un grupo de jóvenes activistas a los que Esperanza Aguirre acusaba de delitos de terrorismo por llevar a cabo una protesta simbólica en el metro.

No soy miembro del Partido Popular que reciba sobres de dinerito en B; no soy ningún gran empresario de los que financian -presuntamente, claro- al PP con dinero negro que luego solo se puede repartir en sobres; no tengo cuentas en Suiza, ni empresas domiciliadas en Gibraltar; no oculto nada tras ninguna sociedad patrimonial fraudulenta por definición; no soy un empresario putero que defrauda masivamente a la Seguridad social y pretende impedir legalmente que sus empleados acudan al entierro de sus padres, hijos o hermanos en horas de trabajo; no soy el Rey de España cazando elefantes en Botswuana, ni su hija intentando engañar a toda España haciéndonos creer que no se entera de los movimientos de su marido. Ni siquiera soy Froilancito pegándome tiros en el pie. Jamás he condecorado a un miembro de la División Azul. No soy un luchador por las libertades en Cuba que asesina a dos disidentes conduciendo como un loco. No soy un conductor suicida que hábilmente ha contratado los servicios como abogado defensor de un hijo del ministro de Justicia, no soy un diputado del PP que, teniendo 5 pisos en Madrid cobra dietas de alojamiento en la capital, no deseo que los parados se jodan, ni les recomiendo que le tengan mucha fe a la Virgen del Rocío, no le he defraudado 12 millones de euros a AENA; tampoco he engañado jamás a las víctimas del Yak 42, ni he torturado a ningún ciudadano rumano, nadie me paga viajes a Disneylandia, ni tengo una hija que haga cada año la primera comunión… Sólo soy un ciudadano honrado, que paga puntualmente sus impuestos, que no defrauda un sólo céntimo ni por error, por una cuestión de principios. Hasta hoy, la única vez que Hacienda me hizo una paralela, salió que me había equivocado y había pagado 23.000 pesetas de más, que me fueron devueltas con un retraso considerable, por cierto. Y eso de ser honrado, en este país de mierda que lleva sufriendo a la misma derecha en el gobierno desde el siglo XV, como me dijo el otro día un amigo- se paga muy caro.

En la España del desaparecido Mariano Rajoy, la sulfurosa Cristina Cifuentes, el chulo Cristóbal Montoro y el campechano Juan Carlos de Borbón no hay paz para los buenos. Por eso, nos castigan desmantelando los servicios que necesitamos y pagamos con nuestros impuestos, como la sanidad, la atención a la dependencia o la educación, nos insultan diciendo que vivimos por encima de nuestras posibilidades e infiltran policías en nuestros grupos políticos para espiarnos, provocan altercados en nuestras manifestaciones con el objetivo de criminalizar nuestra actividad política, nos sacan los ojos en la calle a base de pelotazos de goma, detienen preventivamente a los fotógrafos que dan testimonio de ello, montan acusaciones falsas de agresiones con juego de llaves a los periodistas que denuncian que el Gobierno de España condecora a miembros de la División Azul y se cuelan en nuestras cuentas corrientes, utilizando la legitimidad de un estado cada día menos legítimo, para robarnos a nosotros y a nuestros hijos el dinero que ganamos no como ellos, robándolo, sino trabajando.

Todo este rollo es para descargar la ira que me ha producido la visita del cartero que, hace un rato -cuando en la radio contaban que Cristóbal Montoro ampara la veracidad de los 13 errores casuales que llevaron a 13 notarios y a 13 registradores a creer que Cristina de Borbón había vendido 13 fincas a 13 personas que aseguran que tal cosa no es cierta- con una insultante diligencia de embargo en la que se me notifica el robo, y se me insulta diciéndome que – a diferencia del Rey, su hija, su yerno, los empresarios puteros y los miembros del PP- tengo la condición del “OBLIGADO AL PAGO”.

Pues eso que les digo.