Otro 6,5 es posible

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Nota: después de recibir algunas críticas al título original de esta entrada, porque inducía a la confusión, he decidido cambiarlo por otro que describa mejor el contenido.

Hace muy mal la izquierda reivindicando la mediocridad. He leído y he escuchado estos días tantas estupideces como respuesta al clasismo evidente de la reforma educativa que, a través del ministro Wert, ha lanzado el Partido Popular en nombre de las clases dominantes, que a veces me resulta muy complicado alinearme en el lado de la izquierda en este debate, dejando claro que, en ningún caso me alineo con el Partido Popular, que pretende, simplemente, desmantelar el sistema público en los niveles obligatorios, para convertirlo en negocio de monjitas y frailes con clientes cautivos, y reservar la Universidad para las élites económicas y sociales. Vaya esto por delante.

Sin embargo, es muy difícil coincidir con el secretario general del PCE y portavoz del Grupo de la Izquierda Plural, José Luis Centella, que después de señalar que sacó un “cinco raspao“, reivindicó “la dignidad del cinco con toda contundencia y tranquilidad“. Yo mismo no soy un ejemplo de estudiante: tardé dieciséis años en acabar una carrera tan absurda como Periodismo, y mi expediente se compone de gran cantidad de aprobados, algunos notables y un sobresaliente. Supongo que de media saldrá más o menos un 6. No lo sé, porque ni me he molestado en ir a recoger a la facultad ni el título ni mi historial académico.

Entré en Periodismo porque quería ser periodista, y al acabar el primer curso me di cuenta de que ese no era el camino. Aguanté un curso más, y luego me puse a trabajar… de periodista. Me di cuenta entonces de que apenas habría dos o tres profesores -de los que yo tuve- que supieran periodismo real, del que se hace en las redacciones, y no del que se habla en la facultad. No digo que no tuviera profesores buenos, que los tuve, sino que no enseñaban periodismo, sino pensamiento político, historia, filosofía… otras cosas. En general, y salvo un par de excepciones, los profesores de las asignaturas de periodismo solían ser unos caraduras y se dividían en dos tipos: los que no habían pisado una redacción en su vida, y los que hacía más de 15 años que no habían pisado una redacción. Recuerdo uno al que apenas vi dos veces en todo el curso, porque las clases en la Complutense las daba un becario, ya que él estaba dando las suyas en el CEU. Teníamos que comprar su libro, claro, y los contenidos eran del tenor siguiente: “El periodista especializado en relaciones internacionales debe saber inglés, disponer de amplios conocimientos de historia universal contemporánea, debe leer la prensa internacional, debe saber manejar una grabadora, tener iniciativa…” No es literal, porque no encuentro ahora el libro, pero ése era el nivel.

¿A qué viene esta digresión personal? A explicar que yo, como muchas otras personas especialmente de mi generación, fuimos a la universidad por presiones familiares y sociales. Ni más ni menos. Presiones que existían en familias de todo tipo: en familias burguesas, como la mía, porque “para ser alguien” hay que ser licenciado, “como tu padre, como tu abuelo“, expresión a la que añadían el vocablo “superior“, como si fuéramos a licenciarnos con capa de supermán o algo. En familias de extracción obrera, ir a la universidad se presentaba como una oportunidad de superación social y económica. Sin embargo, para ser periodista, como para ser muchas de las cosas que decíamos que queríamos ser quienes llegamos las universidades en los años 80 y 90, no hace falta ir a la Universidad, sino tener el bachillerato,  una comprensión lectora media, y saber leer y escribir con corrección, habilidades de las que por cierto, no disponen muchísimos periodistas poseedores orgullosos de títulos universitarios.

Estudiar en la universidad no es un derecho, y la sociedad no tiene obligación de garantizárselo a todo el mundo. La sociedad, lo que debe hacer es garantizar que aquellas personas que quieren estudiar carreras universitarias, y que demuestran capacidad y mérito para ello, no se queden fuera por falta de recursos económicos, que es cosa bien distinta a la teoría del “cinco raspao” de Centella. Es decir, no hay que abrirle las puertas de la universidad a todo el mundo, sino cerrárselas a quienes no deben estar en ella.

No se puede comparar la etapa obligatoria de la enseñanza, que sí debe ser garantizada por la sociedad -y por lo tanto por el estado- para todo el mundo, mediante becas, mediante intervención social, y mediante sistemas de apoyo a aquellos estudiantes que, por lo emotivos que sea no pueden seguir el nivel de sus compañeros. En la Universidad, en cambio, hay que exigir rendimiento académico a los estudiantes. La universidad no debe ser una institución de élite económica, pero quizás sí de élite académica. Si queremos formar a los científicos, médicos, juristas, investigadores en cualquier campo, no podemos permitir que lleguen al fin del ciclo universitario con cincos raspados, solo porque, bien mediante becas, bien gracias al patrimonio familiar, han ido pasando de curso en curso con un “cinco raspado“.

Por eso, a mí no me parece mal el 6,5 que exige el ministro Wert en su reforma universitaria. Lo que me parece mal es que ese 6,5 sólo sea nota de corte para aquellas personas que no tienen recursos económicos suficientes para poder costearse el siguiente curso, y que quienes si los tienen puedan seguir, un curso detrás de otro con su mediocre cinco raspado, hasta el final, o pagarse una carrera de risa, en una de esas “universidades-academia” privadas que hay ahora, para tener luego un titulo medio regalado que vale incluso más a ojos de algunos idiotas que el de la Complutense, la Politécnica o la Autónoma. Por eso, yo lo que haría es subir la nota de corte, el aprobado, para todos: aquí, el que no tenga seis y medio no pasa, ni con beca, ni sin beca: tener un título universitario no es un derecho.

Y junto a eso, haría otras cosas: los profesores no podrían trabajar a la vez en la pública y en la probada; exigiría a los profesores, al margen del carácter administrativo de su plaza, actividad investigadora y publicística, que sería evaluada por otros profesores;  establecería un sistema de tasas progresivo, en función de la renta familiar, y establecería un sistema de becas reales, que sirvieran para que los estudiantes que no tienen apoyo económico familiar no se viesen obligados a compatibilidad trabajo y estudios, sacrificando con ello su rendimiento académico, que sería lo único que podría convertir en digno un “cinco raspao“. Es decir, pagaría por estudiar a aquellos que lo necesiten. Además, plantearía una reforma en profundidad de la Formación Profesional, a cuyas aulas trasladaría muchas enseñanzas, como la del Periodismo, por ejemplo, que están mal ubicadas en la universidad, porque deben ser orientadas, exclusivamente a que los alumnos obtengan las destrezas profesionales necesarias para desempeñar determinados oficios o profesiones.

Todo lo cual no me lo pueden discutir, porque soy licenciado “superior”, ahí es nada…

16 Responses to "Otro 6,5 es posible"
  1. Jazzbcn dice:

    Yo ya llevaba unos días preguntándome porque todo el mundo estaba en contra del 6,5 de Wert. Bajando la nota solo se fomenta la mediocridad. Conozco mucha gente licenciada que son unos analfabetos funcionales. No creo que se esté pidiendo una barbaridad. Si queremos ser los mejores hemos de autoexigirnos.No hay más.

  2. Collons dice:

    El problema es que algunas carreras ponen notas a la baja para que no salgan tantos licenciados. Cuando empecé arquitectura, en primero aprobaban 3 alumnos por asignatura y la inmensa mayoría del resto nos quedamos, sospechosamente, con un 4.3, un 4.5 o incluso un 4.9. Por no hablar de las asignaturas que el catedrático (me pasó personalmente en geometría descriptiva) ponía un 9 como nota máxima porque decía que el 10 era inmoral. Literalmente.

    O sea que, cuando las facultades sean realmente centros de saber y no grifos controlados por los profesionales que no quieren competencia, ni tampoco el coto de caza de algunos catedráticos impresentables, entonces empezaremos a hablar.

  3. Aniceto dice:

    Don Ricardo, su artículo, sobre el que se puede debatir porque es interesante, es la muestra de cómo la ontología falla: dos cosas idénticas, en el mismo lugar y tiempo y con el mismo aspecto NO son la misma. El 6,5 de Wert y el de usted no son lo mismo.

  4. Estudiar en la universidad no es un derecho, y la sociedad no tiene obligación de garantizárselo a todo el mundo. La sociedad, lo que debe hacer es garantizar que aquellas personas que quieren estudiar carreras universitarias, y que demuestran capacidad y mérito para ello, no se queden fuera por falta de recursos económicos, que es cosa bien distinta a la teoría del “cinco raspao” de Centella. Es decir, no hay que abrirle las puertas de la universidad a todo el mundo, sino cerrárselas a quienes no deben estar en ella.

    Había escrito algo antes, pero se ha ido al entrar mediante twitter.

    Hubo un caso de una persona con síndrome de Down que se licenció, si no recuerdo mal en la universidad de Málaga.

    El 6’5 que sea para todos, becados y no becados, o para nadie. O jodemos todos o tiramos la burra al río.

    Por otro lado, sacar matrícula de honor, como demuestra el taradito de derechas que pulula por internet y del que se ríe casi todo el mundo, no significa nada. Significa, como dijo una vez Juan Antonio Vállejo-Nágera, el psiquiatra católico de la derecha, que se mientras sus colegas salían a bailar él se quedaba estudiando y se sabía hasta las notas a pie de página.

    La nota académica depende muy poco de la inteligencia, de la motivación y del mérito, sin los cuales no se puede aprobar, que de otros avatares, como son el profesor de turno, el tipo de examen, la materia, el material, etc.

  5. Jazzbcn dice:

    No sé que he dicho com para recibir dos “no me gusta”. Quizás necesite ampliar mi punto de vista.

  6. cortessaavedra dice:

    Claro, lo dice usted… una cosa es la exigencia y otra la exigencia sólo con quien no puede pagar: si nadie con pasta pudiera estar en la universidad con una nota menor al 6’5 perfecto, mismo filtro para el resto. Pero mientras las facultades, públicas y privadas, sigan llenas de zotes con pasta, yo acepto encantado que se pague la matrícula a todo el que quiera entrar.

  7. Andres dice:

    ”La sociedad, lo que debe hacer es garantizar que aquellas personas que quieren estudiar carreras universitarias, y que demuestran capacidad y mérito para ello, no se queden fuera por falta de recursos económicos, que es cosa bien distinta a la teoría del “cinco raspao” de Centella. Es decir, no hay que abrirle las puertas de la universidad a todo el mundo, sino cerrárselas a quienes no deben estar en ella.”

    Hay gente que saca un 5 raspao para acceder a la universidad o en bachillerato y luego resultan ser los mejores de su promoción. ¿Esas personas no pueden ser becadas? Para mí son los que SÍ deben ser becados. Obtener un 6’5 para obtener beca el primer año de carrera me parece una verdadera estupidez. Sin embargo, obtener una media de 6 o 6’5 durante los cursos del grado, junto con el aprobado del 90 o 100% de los créditos matriculados, sí me parece un buen criterio para ser beneficiario de una beca.
    Creo que hay que abrir puertas a todo el mundo y cerrarlas a aquellos que estén dentro y no deban. Todo el mundo merece una oportunidad pero aquellos que no la aprovechen que cierren la puerta por fuera.

  8. EPMesa dice:

    De acuerdo con usted, D. Ricardo.

  9. Marguitx dice:

    Estoy tan de acuerdo, oiga.
    El otro día tuiteé que en mi caso, un 7.6 de acceso y un 7.2 de media en la licenciatura, no habían servido nada más que para que mis gastos de matrícula, ni un duro extra para tetas ni nada. Soy la primera (y la única) de una familia, por ambas partes, que ha ido a la Universidad, y que ha terminado. Ni mucho menos soy ahora élite de nada, viviré infinitamente peor de lo que lo hicieron mis padres, siendo estos clase media baja… Y suma y sigue.
    También estudie en el búnker gris de tuberías naranjas y granates.

  10. Pedro Fresco dice:

    Yo estoy de acuerdo con Aniceto: Lo que usted está diciendo y lo que dice Wert no es lo mismo, y si me apura observo bastante confusión en todo este asunto (no sólo en su texto).

    Lo que usted está proponiendo es, básicamente, subir el nivel de la universidad para que todos aquellos que no tengan un rendimiento satisfactorio no estudien. Bien, puedo estar de acuerdo, pero eso no tiene nada que ver ni remotamente con lo que el señor ministro de educación está proponiendo.
    Para hacer lo que usted dice no hace falta ni siquiera cambiar la nota: Con que el nivel de los estudios o las exigencias sean mayores bastaría. También se podría hacer como en los exámentes de conocimiento de idiomas, en los que hace falta un 6 para aprobar. En cualquier caso nada tiene que ver con el asunto de las becas y el 6,5.

    Lo que quizá falta aquí es falta de contexto. Cuando yo estudiaba una matrícula de mi carrera (químicas) valía 600 euros. Hoy puede valer tres veces más.
    Aún valiendo 600 euros yo estudié los 5 años con beca, la beca que te eximía del pago de matrícula, gracias a que aprobaba más del 80% de créditos que era el rendimiento académico que se exigía, además de estar por debajo de los umbrales de renta porque no debemos olvidar que esta beca era una ayuda para umbrales de renta medio-bajos.
    Es decir, el requisito de rendimiento acabémico YA EXISTE, y está implícito en las becas. Si una chica con beca se dedica a ponerse tetas como ha dicho alguna idiota por ahi, o hacer un viaje a la nieve aquí hay otro problema: Es que el fraude en la renta familiar está dando beca a quien no le hace falta.
    Y si a alguien le molesta que un chaval que cobra una beca no vaya a clase, aunque esté aprobando, la solución es bien sencilla: Hagan la universidad presencial.

    Se mire por donde se mire, pues, lo que propone el señor Wert solo responde a un objetivo muy claro: Quitar gente de la universidad. Y la gente que quiere quitar es aquella que no puede pegar la universidad, ni más ni menos, y no por una cuestión meramente clasista per se sino porque estos señores solo quieren que la gente se pague sus propias cosas.
    Volvemos, pues, al modelo de hace casi un siglo: Que estudien los ricos y los “pobres” que tengan rendimientos académicos excelentes.

    Podria extenderme hasta el infinito hablando por qué no se puede consentir este tipo de reforma en base a que el estado del bienestar debe abarcar a todos (y no sólo a las clases populares), o hablar de aquellas carreras donde sacar un 6,5 es prácticamente una hazaña (sí, ni en periodismo ni en química lo era) o hablar de aquellas personas que estudian y trabajan y cuya capacidad de sacar altas notas está mermada por esa razón.
    Pero creo que está claro por qué su propuesta y la de Wert no tienen nada que ver.

    Saludos,

  11. Red dice:

    Don Ricardo, me parece fatal que, aunque no quiera apoyar a Wert, se deje arrastrar por ese ministro mediocre a una discusión sin sentido. Y no tiene sentido por varias razones. Primero, ni un 5 significa mediocridad ni un 6,5 excelencia: todo depende de la carrera, la asignatura, el profesor, la facultad, etc. Segundo, siendo la mediocridad y la excelencia términos relativos, no tiene sentido que un gobierno diga que hay que apostar por la excelencia en un sistema educativo, o en un tramo del mismo. Subir el nivel general es una apuesta loable, pero dentro del nivel que haya siempre habrá una mayoría de mediocres y una minoría de excelentes, por la definición de los términos mismos. Otra cosa es que se diga que hacen falta menos o más licenciados, pero eso no tiene que ver con la excelencia o mediocridad de los estudiantes, sino con la estructura económica del país. Tercero, me parece que usar despectivamente la palabra “mediocridad” es un insulto a casi todos, pues casi todos somos mediocres, otra cosa es que nos cueste asimilarlo (a mí me cuesta, pero lo reconozco). No pasa nada, en fin, por ser del montón. Cuarto, se puede cuestionar la utilidad de que haya una licenciatura de periodismo, pero eso es un debate que no tiene mucho que ver. Ya para terminar: entrar en este debate cuando la cuestión que se plantea no es más que un recorte (uno más) es un error, pues se trata de una cortina de humo.

  12. Vicenç Torra dice:

    Hola,

    No se si ya seria hora de volver a las “becas salario” del UCD que, me parece suprimieron los socialistas en su primera etapa

  13. Pioletpertutti dice:

    Me preocupa mucho coincidor con Royo… pero coincido en casi todo lo que se dice en éste artículo. Digo que me preocupa porque como rígido defensor del dogma trosko, el que coincida con mucho de lo expuetos su artículo me hace pensar en que mi declive y mi readoctrinamiento politico está al caer a manos de otros camaradas mas resolutivos y pragmáticos.

  14. zenon dice:

    ¡¡¡Sukoi es un FACHA de mierda!!!

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