Reunión-Rajoy_Rubalcaba-mayo-2012

A mí, los pactos entre el PSOE y el PP la verdad es que me dan miedo. Ya no me indignan. En España está menos acusado, porque de momento, el Gobierno lo tiene sólo la derecha, pero en el resto del continente prácticamente ya está claro que el espacio llamado socialdemócrata y el bloque conservador-liberal apoyan con fisuras sólo cosméticas las políticas que se han dado en llamar merkelianas, pero que ya sabemos que en realidad son alemanas. La socialdemocracia y la derecha europea representan -más o menos a gusto- los mismos intereses, y hacen, al calor y al amparo de una crisis que han creado ellos mismos, políticas que perjudican a las mayorías sociales. Poco a poco, en los países más afectados por la crisis, eso va quedando claro, y los socialdemócratas se hunden electoralmente, ya que la gente les identifica con la derecha y no entiende por qué han cedido a sus principios aplicando y apoyando recetas que les han empobrecido. Por eso, ya no me indigno de la actitud del PSOE de pactar la posición española en la UE con el PP: no me sorprende. Es lo que espero, y es incluso lo que deseo, a ver si así se clarifican un poco las cosas, y los votantes del PSOE se dan cuenta de a quién están votando y de para qué está sirviendo su voto.

Pero si es cierto que ya no me indignan ya estos pactos, no es menos cierto que sí me asustan. Y les voy a explicar por qué. Vamos a dejar aparte el menudeo de constantes acuerdos entre el PSOE y el PP en el rechazo de propuestas políticas de carácter progresista y en otras votaciones rutinarias que se dan que tanto en el ámbito parlamentario español como en el europeo, y vamos a fijarnos en los últimos grandes acuerdos entre ambos, acuerdos que han tenido consecuencias catastróficas para la democracia española. Y además, dos de esos acuerdos, los dos firmados y rubricados, por cierto -el otro es tácito-, se han dado a iniciativa del PSOE, que hace, al parecer, de tonto del lugar de manera permanente.

El primero de estos pactos fue el llamado pacto antiterrorista, que en realidad fue el pretexto que usó el PP para intentar destruir al nacionalismo vasco democrático -que no es que yo lo defienda, pero que tiene más derecho a existir que el nacionalismo español antidemocrático que representa el propio Partido Popular- y sobre todo, para aprobar una Ley de Partidos innecesaria para combatir delito alguno, pero a cuyo amparo se mantuvo fuera de la ley a la que actualmente puede ser segunda o tercera fuerza políticas vasca. El acuerdo llamado antiterrorista sirvió para desatar una caza de brujas no contra los miembros de ETA, ni contra delincuentes condenados, sino contra el cuerpo electoral vasco, es decir, contra la ciudadanía, para determinar quien tenía y quién no pureza política para participar en el proceso electoral. El pacto mal llamado antiterrorista entre el PSOE y el PP permitió que se escudriñasen inquisitorialmente candidaturas políticas, con el objeto de anular todas aquellas que no fueran del gusto del Partido Popular y el Partido Socialista, acusándolas de ser parte o instrumento de ETA, sin fundamento legal alguno, puesto que jamás se procesó a ninguno de los candidatos rechazados. Aquella Ley se usó, sin lugar a dudas, como campo de pruebas para la represión en el conjunto de España que estamos viendo ya como se pretende poner en marcha contra los sectores sociales más resistentes a aceptar las consecuencias de la crisis, con acusaciones muy similares a las que se hacía contra los grupos vascos hace unos años.

El segundo gran pacto entre PSOE y PP es la reforma constitucional que pone el pago de la deuda como principal prioridad de las cuentas españolas, por delante de la garantía de los servicios y los derechos sociales y económicos de las personas que viven y trabajan en España. Este acuerdo es el que permite que cantidades ingentes de dinero procedentes de la Unión Europea, en teoría para paliar la crisis, acaben hundidos en los agujeros negros de los bancos quebrados, que fueron posteriormente nacionalizados, o seminacionalizados, en una aplicación clarísima del viejo principio del liberalismo pinochetista tan extendido en España gracias a personajes como Esperanza Aguirre o Federico Jiménez Losantos de “privatizar las ganancias, socializar las pérdidas“. Gracias, o mejor, como consecuencia de esa reforma constitucional propuesta por el PSOE y apoyada de manera entusiasta por el PP, hoy la derecha más ultramontana de la Unión Europea, que es la española, puede estar asaltando el estado del bienestar, privatizando servicios públicos, y repartiéndose el botín del estado, que es lo que la derecha ha querido hacer durante toda la transición, sin poder hacerlo, hasta que el PSOE le dio la excusa perfecta para ello. Como se ve, este pacto entre el PSOE y el PP ha sido tremendamente beneficioso para la democracia española y para la ciudadanía en su conjunto.

El tercer gran pacto entre PSOE y PP no está escrito pero es un pacto tácito que les une profundamente: la negativa a llevar a cabo cualquier reforma electoral que mejore la representación ciudadana en los órganos legislativos y que permita que cientos de miles de personas que actualmente no están representadas en el Congreso, porque sus votos de hecho no cuentan, entren en él como ciudadanos de pleno derecho. El acuerdo tácito entre PP y PSOE mantiene las diferencias de casi 5 a 1 de valor entre el voto rural y urbano, y prácticamente de 3 a 1 entre el primer y el tercer partido en número de votos. La calidad de la democracia, la igualdad y el valor del voto, el hecho de que este sistema electoral aleje a cientos de miles de personas de la política no parece preocupar en absoluto al PP -la democracia nunca ha quitado el sueño a la derecha en España- ni al PSOE, que prefiere una democracia precaria si le garantiza la parcela de poder que cree que le corresponde.

Hay razones de sobra para estar asustados con el anunciado acuerdo entre el PSOE y el PP para ir a la Unión Europea con una sola voz española. Dejando de lado el sorprendente hecho de que no consideren españolas a las fuerzas políticas que han decidido tener voces diferentes, es para dar miedo lo que vayan a decir allí con esa voz tan desagradable que tienen, y lo que vayan a aceptar como corderitos. Sepan desde ya que de la cumbre de la voz única no va a salir nada nuevo, y que a lo que van estos dos es a acatar nuevas órdenes. Les han mandado que vayan juntos para no tener que repetirlas.

Esperemos que este acuerdo tenga su efecto y que sirva al menos para consolidar las tendencias electorales y que las fuerzas de izquierda y que no acatan los mandatos de la troika para salir de la crisis terminen de ser vistas por el electorado como las fuerzas a las que hay que apoyar, auténtica alternativa a la austeridad europea que en España garantizan, con una sola voz PSOE y PP.