votosenyeraPor fin (las cosas del palacio CIS van despacio) ha sido publicado el sondeo poselectoral de las Elecciones al Parlament de Catalunya (pinche aquí para bajárselo). Como los resultados están más que comentados desde el punto de vista político, el que esto escribe no va a aportar nada al análisis de sesudos y sesudas politólogas, ilustres profesionales del blog, twitstars y militares sin graduación. Allá cada cual con sus análisis.
Sin embargo, el que esto escribe ya definió en este espacio que las encuestas preelectorales son un arma de publicidad masiva y esta opinión se ha visto refrendada, una vez más, por los datos de la santa institución sociométrica. Resulta que casi dos tercios del electorado tuvieron conocimiento de las encuestas (más del 62%) y que, de ese porcentaje, casi una de cada tres personas (30,5%) reconoce que han tenido “muy” o “bastante” en cuenta las encuestas a la hora de decidir su voto.

Curiosamente, los que más se orientan por las encuestas son los jóvenes (37%). Seguramente porque también son los que más siguen las campañas por red y porque las encuestas siempre –pero siempre—son titular en cualquier medio electrónico. Y también porque parece haberse instalado el carácter prescriptivo de la disciplina contabilizadora que tanto nos ocupa.

También cabe destacar el hecho de que, dado que los sondeos preelectorales no pueden publicarse una vez que restan cinco días para la jornada de reflexión, dichos sondeos parecen ser un factor importante de decisión de voto para quienes declaran que decidieron su voto durante la primera semana de campaña (el 13% de quienes dicen que votaron). Eso es mucha gente.

También solemos escuchar (quienes nos dedicamos a esto de los sondeos suele ser porque también nos dedicamos a la asesoría política y por eso usamos la herramienta, con perdón) que las campañas electorales no sirven para nada, con y sin encuestas. Pues bien: el 43% de las personas que votaron en las últimas Elecciones al Parlament declara que tomó la decisión al principio de la campaña (13%), en la última semana (19%: los especialistas sabemos que puede llegar al 25% a veces) y nada menos que el 9% tomó la decisión el mismo día de los comicios. Casi nada: la mitad del electorado.

¿Por qué, entonces, en encuestas fuera de época de cosecha se dice popularmente que las campañas son un gasto tonto? Porque nadie es tan estúpido como para admitir que es lo suficientemente estúpido como para dejarse convencer por una campaña electoral: eso es de estúpidos.

El problema de la estupidez y la mentira en los sondeos no es menor. Cuando los sondeos son personales, estos factores tan humanos se convierten en una pesadilla. Un buen ejemplo lo constituía hasta hace muy poco el EGM, cuyos datos de audiencia para La 2 siempre aparecían sobredimensionados. Y era lógico; perdonen el símil sexista, pero el género de los personajes puede intercambiarse fácilmente: martes, once de la mañana (día y hora en los que no debería estar atendiendo a un encuestador porque debería estar trabajando o jugando al golf); una estudiante de sociología de veinte años y moda veraniega está en la puerta de mi casa y me pregunta qué canal de tv y qué programas veo. Ahora tengo que elegir, mientras meto tripa y maldigo la hora de no haber limpiado el hall, entre confesar que veo Sálvame, la Teletienda y de los Deportes hasta la petanca o decir que veo Redes… Insisto: podemos intercambiar género de protagonistas hasta hacer todas las combinaciones posibles.

Ahora pónganse a ser preguntados por el PP o por la abstención (las entrevistas del CIS también son personales) y contesten a chica o chico con pinta de estudioso o estudiosa y de ser asiduo o asidua de las asambleas callejeras y la buena juerga nocturno-bohemia. De ahí salen tantos demócratas de toda la vida, la caída del PP y la bajada del… Bueno, no. Que el PSOE se la pega, es seguro.
En quince días, la previsión para las Europeas. A ver qué tal.