tubasuraalbanco300Esta mañana, en Facebook, una persona criticaba la campaña de apoyo a la huelga de limpiezas de Madrid que consiste en llevar nuestra basura a los bancos con el argumento de que esa basura la tendrán que limpiar las personas que, en condiciones precarias, se ocupan de la limpieza de las oficinas bancarias. Eso ha provocado un interesante debate. Dejando de lado que las personas que se encargan de la limpieza en los bancos y de dependencias privadas están probablemente estos días rezando para que la huelga de limpiezas de Madrid salga bien, porque, como señalaba alguien, “cualquier trabajador o trabajadora de la limpieza está afectado por esta huelga. Van a despedir a 1500, rebajar un 40% el sueldo de los demás y pasar de 35 horas a 40. Eso les afecta a ellas también. Son las mismas empresas, es el mismo convenio; empiezan por las más grandes y luego van los demás“; dejando de lado eso, decía, la huelga de las limpiezas de Madrid es una huelga que no se puede calificar de estrictamente sectorial: es mucho más que eso, porque su desenlace nos va a afectar a todos.

Hace unos años, sencillamente, la agresión de que están siendo objeto estos trabajadores y trabajadoras hubiera sido imposible, porque la Ley les amparaba. Ahora, tras la última contrarreforma laboral las empresas tiene el poder para, de manera unilateral y sin dar cuentas a nadie, despedir a 1.500 personas, y bajar el sueldo el cuarenta por ciento y aumentarles la jornada a los que se quedan. Está siendo muy visible, porque tres empresas grandes y rentables -y con intereses estrechamente vinculados a los de los bancos, no lo olvidemos- están intentando perpetrar un ataque sin precedentes. Pero desde la contrarreforma laboral llevan meses produciéndose en las empresas ataques que, hasta hace unos años, eran sencillamente impensables. Se trata de reducir gasto en personal, pero también de demostrar quién manda, quien tiene la sartén por el mango.

Además, la huelga de limpiezas de Madrid se produce en un ámbito de especial relevancia política: la ciudad de Madrid, gobernada por el Partido Popular, cuya alcaldesa pretende ponerse de perfil ante esta huelga, tratando de que pase por un conflicto entre empleados y empresas. No es así. Esta huelga es un conflicto entre empleados y empresas, sí, pero también entre una ciudadanía y un ayuntamiento incapaz de mantener limpia la ciudad, pero, sobre todo, es un conflicto de clase de índole global, ya que es el primer gran episodio de resistencia obrera a la reforma laboral de Rajoy. Sencillamente, los trabajadores y las trabajadoras de la limpieza de Madrid no van a permitir un abuso de semejante calibre, y como dijeron en su día, si tiene que arder Madrid, que arda Madrid.

Por este motivo, por estos motivos, los ciudadanos y las ciudadanas de la capital debemos apoyar radicalmente la huelga y tratar de acudir a los llamados que nos hagan nuestros compañeros, que son quienes llevan el peso de la lucha en este caso. Ensuciemos la ciudad, que es lo que nos han pedido, y ensuciémosla de una forma peculiar, llevando cada noche nuestras bolsas de basura a las puertas de las sucursales bancarias. Las huelgas se hacen para causar daño, para interrumpir un servicio, no para dar testimonio de nada. Los ciudadanos de Madrid, que también somos trabajadores, aceptaremos las molestias causadas, y en la medida de que somos trabajadores afectados por las agresiones de clase de los gobiernos del Partido Popular, intentaremos contribuir a crear esas molestias, porque esta huelga sí va con nosotros. Quienes estén pensando ya en insultar a los barrenderos porque en su calle huele mal, que piensen cuál sería su reacción si le explican que no le despiden, como a sus 1.100 compañeros y compañeras, sino que le bajan el sueldo de 1.000 a 600 euros y le meten una jornada laboral de 40 horas.

De que los compañeros y las compañeras en huelga puedan mantener el pulso desigual que están echando, de que no les tuerzan el brazo los sinvergüenzas cochinos del Partido Popular dependen muchas cosas, no sólo sus puestos de trabajo y los salarios y las condiciones laborales de los que se queden. También depende, por ejemplo que esos bancos que, en fraude de Ley, emplean a autónomos para realizar trabajos de plantilla limpiando todos los días a las mismas horas las mismas sucursales dejen de poder hacerlo. Por eso hay que apoyarla, con todos los medios a nuestro alcance, con toda la mierda que generemos. A partir de hoy, cuanto más sucio esté Madrid, más luminoso será nuestro futuro.

Venga... meta ruido por ahí