moscuscopio300Esperando a la semana de las encuestas estaba para recuperar el ritmo de este post, puesto que malo es hablar, pero peor es hablar por hablar.

En poco menos de ocho días, el PSOE y sus sociólitos, el CIS y sus fachoscópicos, los pintureros de Celeste y algún otro medio-masaje han hecho públicas encuestas. Anda mucha gente analizando las cocinas, sus ingredientes, sus cocineros o cocineras, sus pinches, sus pucheros, sus ingredientes secretos, su espumadera de religiosa credulidad y sus trapos ennegrecidos de limpiar sartenes sin teflón pero con mucho aderezo. Mucho, mucho aderezo.

Como para gustos no hay colores, en realidad todos tienen razón. Unos elogian el solomillo socialista en cuanto a tendencia ascendente del “otros” donde suponen a Equo y a partidos de índole más extraña. Otros saborean el repunte popular aludiendo con razón a los secretos de la presa del voto oculto y a las acelgas del sesgo internetero. Otros prefieren ofrecer un soufflé de datos inflado en el lento horno de los deseos insatisfechos, pues hay quien se queda con hambre de castigo, de sorpasso, de remonte de la tendencia.

Algunos, en secreto, saborean un retrogusto amargo del encefalograma plano; otros, se quejan de la acidez de la repetición de datos, sin subida ni bajada, como ese hueco magenta gobernado por la mejor de las cocineras de datos inventados, de políticas vacías, de tacos de sobremesa y portazos congresuales.

En fin, que hay carta para todos los gustos, menú ligerito si se quiere, pero nadie hace las dos preguntas del emperador desnudo: ¿por qué ahora? ¿Por qué para las Generales?

La segunda pregunta tiene enjundia política y técnica. Desde el punto de vista técnico, se está esperando a que se concreten las coaliciones electorales para el Parlamento Europeo. Hasta entonces, a sumar y restar. Lo que es una estupidez y mata la receta: la ciudadanía no vota lo mismo en Generales, Autonómicas, Municipales ni Europeas. Hasta cambia su voto en las reuniones de comunidad de vecinos, faltaría más. Desde el punto de vista político, cuando menos se hable de Europa, mejor. Elecciones en clave interna necesitan los cocineros plebiscitarios de los recortes, los pinches de las independencias y los agravios históricos y una izquierda que huele a rancio y que cree que Europa es Merkel. Todos a menú, caramba.

La primera pregunta tiene más que ver con la alta cocina, con la deconstrucción de sabores en sinfonías sensoriales. Con pagar una fortuna por un puerro, vaya. Se trata de montar el escenario de recuperación de los dos grandes. El menú sigue siendo o carne o pescado (el partido sigue siendo Madrid-Barcelona, vaya), sabiendo que hay quien prefiere verduras o entremeses, pero sin mayor importancia. Todo está arreglado para volver a presentar la cosa como una pugna entre los dos inevitables y ver si uno cae y el otro remonta. Sin hablar mucho de intención de voto directa. Sin hablar mucho de corruptelas ni de vacíos ideológicos. Volvemos al gran debate entre los dos grandes. Volvemos a presentar el mundo entre los que quieren a papá y los que quieren a mamá.

¿A quién le importa que entre la abstención y los “otros” y los que no son los históricos esté el 60% de la población? Si para montar una dictadura de cuatro años basta con tener el voto de menos del 20% de la españolía. De modo que volvemos donde estábamos. Los sondeos que se filtran o se publican son parte de la maquinaria publicitaria de la política del gran consumo. Y tranquiliza. Después de 15M, de apariciones como Equo o PX, de súbitas asomadas de cabeza de IU y de mediáticos despliegues de la Califa que siempre quiso ser la Califa en lugar de los Califas; después de todas las proclamas indignadas, con una Europa desaparecida y el final decretable de la crisis; después de todas las argucias culinarias, de tanto escoger los ingredientes, el formato de la carta y el acondicionamiento del local, lo que queda es elegir entre el filete con patatas y el pescado con ensalada.

Como siempre.

En todo caso, cuando salga o conozca una encuesta fiable, descuiden que se lo haré saber.

Venga... meta ruido por ahí



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