varsovia300El año 2014 amaneció en Kiev con grandes celebraciones en la plaza de la Independencia, donde se desarrollaba el euromaidan, celebraciones que parecían presagiar momentos intensos en este inicio de año para Ucrania.

El día 4 de enero, una carta redactada por un grupo de intelectuales titulada Support Ukrainians and they can help us build a fairer Europe (Apoyemos a los ucranianos y ellos podrán ayudarnos a construir una Europa más justa) apareció en The Guardian. En ella podíamos ver personalidades tan contradictorias como Slavoj Žižek o Anne Applebaum defender la petición de una especie de plan Marshall para Ucrania y la necesidad de derribar un gobierno corrupto, presentando el euromaidan como una muestra de la presencia de los valores europeos y su defensa por parte de los ucranianos. Así mismo, pretendían plantear una distinción clara entre el gobierno ucraniano y la sociedad ucraniana de cara a establecer nuevas políticas con el país.

Tras varios días de relativa tranquilidad, el 11 de enero tuvo lugar un incidente que volvió a ser utilizado para presentar al gobierno de Ucrania como represor. En el día de la comunicación de la decisión judicial sobre la acusación contra tres ultranacionalistas que planearon en 2011 colocar una bomba para destruir una estatua de Lenin en una población cercana a Kiev, un centenar de ultranacionalistas se congregaron a la salida del juzgado, donde también se encontraban un par de autobuses con policías.

Entre los ultranacionalistas se encontraba Yuri Lutsenko, ex ministro de Asuntos Exteriores durante la presidencia de Yushchenko y miembro del partido Batkivshchyna, de Arseniy Yatsenyuk y Yulia Tymoshenko. En una escena calcada a otras que hemos podido ver estos días, los manifestantes -incluido Lutsenko- se enfrentaron verbalmente a la policía tras rodearla. Tras un intercambio de golpes, Lutsenko tuvo que ser atendido por heridas en la cabeza y llevado a un hospital. Ello generó otra ola de protestas a nivel internacional. Finalmente, los policías pudieron salir del lugar tras hacer los manifestantes un pasillo, exigiéndoles previamente que mostrasen sus caras.

Yuri_Lutsenko

Instante del enfrentamiento entre los manifestantes y la policía el 11 de enero de 2014.

Para entender la presencia de Lutsenko en una manifestación formada por personas de perfil en principio distinto al suyo hay que aclarar un punto. En mayo de 2013, los tres partidos de la oposición acordaron coordinar sus acciones de cara a las elecciones presidenciales de 2015. Esta estrategia, como se verá, ha estado presente desde el inicio de las protestas y tiene visos de mantenerse pase lo que pase.

Fue en los siguientes días cuando estas protestas tomaron un nuevo impulso. Yanukóvich firmaba el viernes 17 de enero un paquete de leyes destinados a restringir el campo de actuación de las protestas debido a la incapacidad de poner fin a ellas. Éstas, muy similares a la llamada Ley Mordaza que se quiere implantar en España, han sido durísimamente criticadas por países occidentales. Otro aspecto del que no se ha hablado tanto es de la irregular aprobación de las mismas, pues no respetó el procedimiento reglamentado.

Los domingos en la plaza de la Independencia se ha venido realizando una concentración masiva como forma de demostrar que los ánimos seguían estando altos en el euromaidan y que su intención era la de resistir y permanecer hasta lograr sus objetivos. Pero este domingo 19 iba a ser distinto, no por la manifestación en sí, muy numerosa, sino por aquello en lo que desembocaría.

Hasta este momento, el euromaidan había sido calificado como un movimiento de protesta pacífico similar a otros como el 15M u Occupy Wall Street, aunque otros lo asociaban directamente con experiencias similares en la región: organizaciones de estudiantes y profesionales liberales de financiación opaca y con fortísimos vínculos con instituciones públicas extranjeras. Pero el euromaidan, hija de la oposición tripartita, ha estado bebiendo de dos fuentes, reflejándose la primera de ellas gráficamente en la instalación de tiendas de campaña y un escenario en la plaza de la Independencia. La segunda encajaría con movimientos ultranacionalistas xenófobos y antisemitas que, con cada vez más frecuencia e intensidad, han ido haciéndose presentes en las protestas y que reciben el nombre de Pravyi Sektor (Sector Derechista).

Finalizada la concentración alrededor del escenario ubicado en la plaza de la Independencia, los presentes exigieron a los tres líderes de los partidos de la oposición un liderazgo único pidiendo un nombre concreto. Yatseniuk respondió que el líder era el pueblo. Tal indecisión generó que un grupo de manifestantes decidiese iniciar una marcha hacia el Parlamento pero se encontró el camino bloqueado por los antidisturbios, que habían apostado autobuses cruzados en el camino justo donde confluyen la calle Grushevski y la entrada al estadio del Dynamo. Los manifestantes decidieron entonces empezar a destrozar uno de los autobuses. Ante tal circunstancia, Klitschko se interpuso para pedir que no usasen la violencia a lo que los manifestantes respondieron rociándole con un extintor. A partir de ahí, la violencia de los manifestantes fue en aumento, haciendo uso de cócteles molotov, palos, piedras de considerable tamaño, hasta llegar a quemar el primero de los varios autobuses que a lo largo de las horas siguientes sufrirían ese mismo destino. En esos momentos quedó ya claro que el euromaidan dejaba de ser un movimiento pacífico.

El sector ultranacionalista había conseguido imponerse y actuaba ya de motor de las protestas. A partir de este momento empezaron a precipitarse los acontecimientos: llegaron los primeros muertos, se multiplicó la relación de heridos de gravedad, se registraron decenas de casos de secuestros y torturas… Los antidisturbios ucranianos se encargaban de contener, haciéndose visible que su objetivo era el de evitar que los manifestantes llegasen al Parlamento sin tener que cargar. Aun con todo, los enfrentamientos tuvieron lugar y las protestas internacionales por la supuesta violencia de la policía no tardaron en aparecer. Esta situación implicaba de hecho que países y organismos occidentales impedían al gobierno ucraniano hacer uso de la fuerza sobre aquellos manifestantes que, claramente, estaban extralimitándose en lo que se entiende que es una acción de protesta pacífica.

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