varsovia_266x141Las protestas en Ucrania, que encontraron como razón de ser la negativa del presidente de Ucrania a firmar el Acuerdo de Asociación en la Cumbre de Vilnius, para el 19 de enero ya habían dejado de ser esa suerte de 15M que algunos querían ver.

Tras la aprobación en el Parlamento el viernes 17 de enero de un grupo de leyes anti-protesta similar al proyecto existente en España, la concentración que se venía haciendo todos los domingos, y que iba a tener lugar el 19 de enero, fue vista por el euromaidan como la oportunidad para mostrar, junto con la oposición parlamentaria, unidad y acción. La unidad falló pero no la acción, lo que se tradujo en una importante escalada del conflicto cuando un grupo de manifestantes comenzó a apedrear un autobús de policía colocado de forma que bloquease la calle por la que se accede al Parlamento. La intervención de Klitschko le supuso ser también agredido por estos manifestantes.

El propio Klitschko amenazaba veladamente a Yanukóvich diciendo que podría acabar como Ceaucescu o Gadafi (asesinados a manos de la muchedumbre) y empezaba a plantearse en los medios que la existencia de elementos de ultraderecha podía ser algo más que anecdótica. Los manifestantes comenzaron a quemar autobuses de la policía mientras arrancaban adoquines de la acera y se empezaban a ver los primeros cócteles molotov que se lanzarían a la policía. Ésta, a su vez, mantenía su posición y respondía a los manifestantes con granadas de gas lacrimógeno y de sonido. El número de heridos en ambos bandos no paraba de aumentar.

Yanukóvich ofreció establecer una negociación con la oposición. Klitschko aceptó y se reunió esa misma noche pero los otros dos líderes de la oposición no acudieron. El presidente ucraniano comunicó a Klitschko la creación de una comisión compuesta por el gobierno y la oposición mientras el líder de la oposición ofreció celebrar elecciones anticipadas, lo que Yanukóvich no aceptó. Al día siguiente, desde el euromaidan se hacían saber las condiciones para acabar con la protesta (dimisión del presidente, elecciones parlamentarias y presidenciales anticipadas y retirada de la ley anti-protesa) mientras se le pedía a la UE que aplicase sanciones contra su propio país.

La comisión se demostró un fracaso debido a que la oposición sólo aceptaba reunirse directamente con Yanukóvich. Mientras, los manifestantes acusaban al gobierno de ordenar a los llamados titushki que fuesen a intimidar a los manifestantes, quienes bajo esa excusa se encargaron entonces de secuestrar a quienes ellos consideraban titushki para proceder a, según los manifestantes, reeducarlos y hacerles juicios populares.

El día 22 de enero, el ministro de Exteriores Lavrov pedía a las autoridades de la UE que cesasen en sus manifestaciones de apoyo al euromaidan y ofrecía a las partes la mediación de Rusia en el conflicto. Mientras tanto, la intensidad en las calles no disminuía, trayendo los primeros muertos por bala, no estando clara la autoría (los manifestantes acusaban a la policía, que negaba totalmente haber usado armas de fuego), pocas horas antes de tener lugar una reunión entre Yanukóvich y los tres líderes de la oposición. Tras una reunión en la que Yanukóvich prometió futuros cambios en el Gobierno y la modificación de las leyes anti-protesta pero de la que no salieron acuerdos, el presidente ucraniano planteó esperar hasta la siguiente reunión parlamentaria que ya tendría lugar la semana siguiente. Pero no haría falta esperar tanto.

El 25 de enero se reunían nuevamente la oposición y el presidente de Ucrania. Tras la reunión se dio a conocer la oferta de Yanukóvich. Ofrecía:

  • Nombrar Primer Ministro a Yatseniuk, líder del partido Batkivshchyna) y vice Primer Ministro a Klitschko (líder del partido UDAR).
  • Regresar a un sistema menos presidencialista, que diese más poderes al Parlamento.
  • Amnistía para los manifestantes.
  • Modificar las leyes anti-protesta.

La propuesta fue rechazada por la oposición, que exigía, además, un adelanto de elecciones presidenciales. Yanukóvich finaliza su legislatura el próximo año 2015.

originalPetro Poroshenko, oligarca ucraniano que apoya expresamente las protestas y a quien suele verse en el escenario junto con los tres líderes opositores, declaró el día 26 de enero que cuando la oposición ganase las elecciones presidenciales él pagaría las reparaciones de la calle Grushevski y de la entrada al estadio del Dynamo, escenario de la violencia de los manifestantes. Poroshenko, de forma implícita, estaba señalando que financiaba esa violencia.

Durante ese fin de semana tuvieron lugar ocupaciones de edificios por el Spilna Sprava (Causa Común), un grupo responsable de la ocupación del ayuntamiento de Kiev el 1º de diciembre y que tiene como objetivo ir ocupando edificios públicos. Se ocuparon ministerios (de Energía y Agricultura) así como el centro cultural Casa Ucraniana, lugar en el que los policías se resguardaban. A su vez, comenzó lo que sería la tónica de los siguientes días: grupos organizados asaltaban las gobernaciones locales al oeste del país y, en algunos casos, tras intimidaciones, conseguían hacerles renunciar al cargo. Incluso se llegó a prohibir el Partido de las Regiones del presidente Yanukóvich y el Partido Comunista en las regiones más occidentales que iban expulsando de sus cargos a los gobernadores mientras ocupaban esos edificios públicos.

De entre todas las ocupaciones de edificios públicos que han tenido lugar, la del ministerio de Justicia, ubicado justo en la calle Hrushevski, lugar de la violencia, fue la más complicada de gestionar. La ministra exigió el fin de esa ocupación o solicitaría al presidente el declarar el estado de emergencia, incluso el líder del partido Svoboda se acercó a los ocupantes para transmitirles la necesidad de acabar con esa acción pues las consecuencias que traería serían muy negativas para toda la oposición. El grupo responsable de la ocupación, Spilna Sprava, se negó a acceder a la petición.

El 28 de enero tuvo lugar en Bruselas la 32ª cumbre UE-Rusia. Tomaron parte en ella el presidente ruso, Vladimir Putin; el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso; el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy; y la alta representante para la Política Exterior, Catherine Ashton. Desde la UE se acusaba a Rusia de ser el causante de la crisis debido a las presiones ejercidas sobre el país para que no firmase el Acuerdo de Asociación, mientras que Putin le reprochaba a la UE sus constantes injerencias en los asuntos internos ucranianos así como se preguntaba “cuál sería la reacción de la UE si el ministro de Exteriores de Rusia acudiera a un mitin anti europeo en Grecia”.

Pero ese día 28, además, nos trajo la dimisión del Primer Ministro Mykola Azarov, lo que conllevó que el presidente Yanukóvich cesase de todos sus cargos al gabinete por entero. A su vez, se votó en el Parlamento la retirada de 9 de las 12 leyes anti protesta. Ese mismo día se intentaría llegar a un acuerdo para elaborar una ley de aministía sobre los manifestantes detenidos pero no se logró.

Al día siguiente, y sin conseguir un acuerdo entre oposición y gobierno, el Parlamento aprobaba la ley de amnistía. La oposición acusó a Yanukóvich de no respetar el procedimiento y presionar a los diputados de su propio partido bajo la amenaza de disolver el Parlamento si votaban a favor de la propuesta de ley de amnistía que ofrecían los opositores. La ley de amnistía aprobada suponía que los edificios públicos tendrían que ser desocupados antes de 15 días pero se respetarían las protestas que tuviesen lugar en la calle con tiendas de campaña y barricadas. La oposición exigía que se liberase a los detenidos antes de llevar a cabo el desalojo. Yanukóvich se declaró en baja por enfermedad hasta ya la semana siguiente, lo que le hizo ganar tiempo de cara a las futuras negociaciones que quedaban por mantener.

La Conferencia de Seguridad de Múnich fue escenario de un inusualmente explícito intercambio de reproches y recriminaciones entre representantes de la OTAN, la UE y Moscú. Mientras Van Rompuy aseguraba que el futuro de Ucrania estaba en Europa y acusaba veladamente a Rusia de presionar a Ucrania, Lavrov aseguraba que está siendo la UE quien impone una decisión a Ucrania y que tras el presunto apoyo a su desarrollo democrático en realidad sostiene protestas violentas y antidemocráticas. John Kerry no ocultó su deseo de apoyar a lo que llamó el “pueblo ucraniano”, lo que luego hizo reuniéndose con la oposición ucraniana.

Llegado este punto, las negociaciones ya no seguirían avanzando mucho más puesto que lo que Yanukóvich estaba en situación de ofrecer ya había sido puesto casi por completo sobre la mesa mientras que la oposición sólo se había dedicado a aceptar las concesiones sin ofrecer nada a cambio.

Hasta aquí, una explicación de qué ha sido y qué es este conflicto en la posiblemente última frontera entre el este y el oeste de Europa. A partir de este momento, los sucesivos textos sobre Ucrania se referirán a aspectos concretos del conflicto y no tanto a relatar los hechos.

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