Nuestro querido anfitrión se congratulaba este fin de semana porque por fin habíamos perdido el miedo y salíamos a la calle a plantarle cara a este gobierno miserable. Antes de nada y para que quede claro.

Como le decía a él mismo por twitter, estamos de acuerdo en lo esencial. Nos va la vida en echar a patadas a los partidos que llevan gobernandonos 30 años. Pero en cuanto rascamos un poquito aparecen diferencias irreconciliables. Por ejemplo, vean esta pancarta:

Pancarta

“No al pago de la deuda, fuera los gobiernos de la troika, no más recortes”

La empanada mental del que escribió esto es monumental. Por partes:

  • “No al pago de la deuda”. ¿Tampoco se la pagamos al pequeño ahorrador que ha metido su dinero en obligaciones y letras del tesoro? ¿Con las cajas de ahorro (gestionadas por entidades públicas) hacemos una excepción también? ¿A los bancos no, a los particulares sí? Y cuando los bancos quiebren porque les hacemos un agujero gigante ¿Los rescatamos de nuevo? Pero vamos a suponer, que solucionamos esos puntos, hacemos un default en el pago de la deuda (excepto con los pequeños ahorradores) y de golpe y plumazo no tenemos deudas con nadie.
  • “Fuera los gobiernos de la troika. O sea que ya no podemos pedir ayuda a la Unión Europea. Porque lógicamente si hemos dejado la deuda sin pagar y no queremos que nos impongan condiciones desde fuera, los países de la Unión no van a tener muchas ganas de prestarnos dinero.
  • “No a los recortes” Y aquí viene el salto mortal con tres tirabuzones y medio. Tenemos un sistema público que, después de esos recortes ingresa 60.000 millones menos de los que gasta. No sé si lo han entendido bien: 60.000 millones de euros. Más de dos millones y medio de veces el salario mínimo de cada español. Todos los años.

¿Cuál es la opción? ¿Qué camino sugieren las personas que se manifestaron ayer? Porque si no queremos recortar solo se me ocurren dos posibilidades: una subida de impuestos absolutamente descomunal o la salida del euro y a imprimir billetitos para que sea la inflación la que nos coma.

¿Dignidad? Sí. Pero no a costa de convertirnos en Venezuela.

Venga... meta ruido por ahí



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