liberal_266x141Discutía en una comida la semana pasada con unos compañeros de trabajo. Si todo el mundo tiene un talento, el mío es llevar la contraria, así que como se pueden imaginar tienen el cielo ganado soportándome. Lástima que no exista. Pues bien, hablábamos sobre la economía del bien común, en la que no soy ni mucho menos un experto, pero voy a arriesgarme intentando resumirla.

El principio básico dice que no debemos medir el éxito de una empresa únicamente por criterios financieros. Aquellas empresas que tengan en cuenta otros valores sociales y medioambientales deben tener una recompensa sobre aquellas que no lo hacen.

Creo que a nadie con dos dedos de frente le puede chirriar este planteamiento, pero en cuanto rascamos, como siempre las diferencias aparecen. Mis compañeros aseguraban que el modelo solo puede funcionar si el Estado regula el proceso. Yo sostengo que el modelo me gusta en la medida en que seamos nosotros, los consumidores, los que castiguemos a las empresas que no cumplan con los estándares que les marquemos. Mi argumento es que, aunque sea bienintencionada, la regulación estatal en España se ha convertido en un lastre para nuestro desarrollo. Les pongo unos ejemplos:

  • La Constitución americana tiene alrededor de 7.000 folios. Incluyendo todas sus enmiendas. La norma más importante del país, a la que se recurre constantemente y determina la legalidad de cuestiones como la reforma sanitaria del presidente Obama tiene solamente 7.000 folios. Por comparación, el estatuto de la comunidad autónoma de Andalucía tiene más de 40.000. Es fundamental para la seguridad jurídica que las leyes sean comprensibles por los ciudadanos. Les recomiendo que tomen una Ley (cualquiera) y la intenten comprender. Yo lo hice con la Ley de Protección de Datos y creo que no pasé del tercer folio.
  • Los boletines oficiales del Estado y las comunidades autónomas generan 1.000.000 de hojas al año. UN MILLÓN, AL AÑO.  Aunque yo sea capaz de estudiarme ese millón de hojas, el año que viene no solo empiezo de nuevo, es que debo tener en cuenta el millón de este año y el del siguiente, porque entran en contradicción a menudo. Imagínense lo que supone para una empresa que sufra una fuerte regulación (desde transporte de material peligroso, hasta cualquier aspecto relacionado con la alimentación).
  • Nos puede parecer razonable que una empresa que contrate personas con alguna discapacidad, que fomente la cultura o mantenga sus niveles de empleo, tenga una ventaja fiscal. El problema es que la regulación es tan confusa, compleja y contradictoria que al final el resultado es que las pymes pagan cinco veces más impuesto de sociedades que las grandes empresas.

Por el contrario, sostenían ellos que, sin regulación, las empresas no se verían obligadas a asumir los principios del bien común. Y en parte es cierto. Durante muchos años las empresas solamente debían contentar a un grupo de personas: sus accionistas. Si éstos cobraban, todos contentos. Pero las sociedades cambian, Internet y las redes sociales nos permiten conocer qué opinan los dirigentes de las empresas, cómo se fabrican sus productos, en qué invierten sus beneficios y cómo tratan a sus empleados. Y la responsabilidad de tomar decisiones en base a esa información es exclusivamente nuestra.

El viernes dimitía Brendan Eich, el CEO de Mozilla. La culpa era de una campaña iniciada en su contra por sus propios trabajadores, usuarios y proveedores, al conocerse que había donado 1000 dólares a la proposición 8, una campaña política contra el matrimonio homosexual en California. ¿Ha cometido el señor Eich una ilegalidad? No. Pero no cumple un mínimo moral para sus clientes, empleados y proveedores. Ellos (no el Gobernador de California, no el Presidente de los Estados Unidos, ni el Senado, ni el Congreso) han decidido que no aceptan que alguien en contra de un derecho fundamental, pueda dirigir su empresa. Por muy bueno que sea en su trabajo.

Si creemos que una empresa se enriquece de forma ilícita, dejemos de adquirir sus productos y servicios, avisemos a nuestros conocidos de qué están haciendo, contactemos con la empresa para hacerles llegar nuestro desacuerdo y castiguémosla con nuestra cartera. Porque si lo que pedimos es que este modelo de Estado sea quien lo haga, acabarán sacando beneficio de ello.

Venga... meta ruido por ahí



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