Congres-diputatsHoy -o mañana, o incluso ayer, según cuándo lea usted esto- se debate en el Congreso de Los Diputados la solicitud del Parlament Catalán de que se transfiera a la comunidad autónoma de Cataluña la competencia de convocar referéndums vinculantes.

Numerando que es gerundio:

1.- El PP tiene razón: convocar un referéndum por parte de Cataluña para decidir sobre la independencia de Cataluña es ilegal.

2.- Que el PP se agarre a lo anterior, por mucho que tenga razón en el hecho concreto, sólo revela los límites cicateros de su cintura política y la escasa voluntad de buscar una solución democrática, así como su intención de mantener este asunto en el plano del enfrentamiento y la amenaza, que es en el que, como los camorristas políticos que son, mejor se desenvuelven. Si se transfiriera la competencia a Cataluña, tal como propone el Parlament, el asunto quedaría resuelto: ya no sería ilegal convocar el referéndum.

3.- En todo este asunto, solo hay un actor sincero: Esquerra Republicana de Cataluña, que mantiene claramente -y puede sostenerlo, a diferencia de CiU- que su voluntad y su deseo legítimo es la independencia de Cataluña.

4.- El federalismo es una opción que ha quedado ya fuera de juego. Sencillamente no es posible más que como mantra llorón y absurdo de la izquierda llamada no nacionalista. Nadie cree en el federalismo realmente, al menos en el actual estado de cosas.

5.- La única salida aceptable para todos -salvo para el PP, pero ya sabemos que el PP no acepta nada que no esté contemplado por su ADN político- es negociar la articulación de una fórmula legal para convocar el referéndum catalán. Los catalanes tiene derecho a expresar su voluntad acerca de formar parte o no de España, pero es que los españoles deberíamos querer saber -más allá de las declaraciones partidistas que no pueden basarse en otra cosa que especulaciones sobre las encuestas, y/o sobre el apoyo recibido por las movilizaciones independentistas- cuál es la voluntad real de la gente que vive y trabaja en Cataluña sobre tal asunto. Yo, como ya he explicado a (aquí, y aquí) prefiero mantener la unión, pero no estoy dispuesto a imponérsela a nadie.

6.- Por el motivo anterior, creo que el el debate acerca de que la ruptura de la soberanía fundamentada en la Constitución del 78 corresponde a toda la sociedad española, es muy tramposo, ya que esa soberanía no se puede expresar sin conocer qué es lo que realmente quieren las personas que viven y trabajan en Cataluña. Es decir: si supiéramos ciertamente que Cataluña -su ciudadanía- quiere ser independiente, y eso sólo podemos conocerlo después de la celebración del referéndum, igual, la soberanía se rompía por sí sola, e incluso de manera amistosa. Yo mismo, conociendo la voluntad catalana de tener un estado independiente, votaría favorablemente si se me convocase a ello. Estoy seguro de que incluso el PP no podría mantener su postura actual si supiésemos a ciencia cierta y de manera inapelable que el 60, el 70 o el 80 por ciento de la población catalana es partidaria de la independencia.

Si supiéramos leer lo que nos pide Cataluña, leeríamos lo siguiente:

“Hola, España:

Muchas de las personas que vivimos en Cataluña queremos convertirnos en un estado independiente: creemos que somos mayoría, pero en realidad no lo sabemos. Dadnos la oportunidad de comprobarlo. Sabemos que, una vez que tanto vosotros como nosotros tengamos ese dato en la mano, será posible resolver el asunto democráticamente, tanto si queremos mantenernos en España, como si preferimos independizarnos Sin embargo, si con argumentos cicateros como un rigorismo y formalismo legal fácilmente superable, nos negáis no ya llevar a cabo nuestra voluntad, sino siquiera expresarla, al final, lo que os encontraréis es que declararemos la independencia unilateralmente. Y eso es malo para nosotros, pero también lo es para vosotros.

Halacondiós,

Cataluña.”

Hoy -o mañana, o incluso ayer, según cuándo lea usted esto- comprobaremos si sabemos leer o no. Yo creo que no.

Venga... meta ruido por ahí