BqjmfJhIUAAaqXeEste post no va a ser político, ni va a ser razonado, ni demasiado largo. No voy a hablar del nuevo Rey. Ese fantoche ya recibirá su merecido en unos días. O no, no lo sé. Este post va a ser escrito con las tripas, que es como creo que hay que escribir hoy, después de lo que ocurrió ayer en Madrid. Algunos dirán que es demagogia. Tendrán razón. Pero somos lo que somos: razón, inteligencia y muchas cosas más, entre ellas, amor y odio. Y yo hoy odio. Mucho, odio mucho. Hoy voy a hablar de policías, niños y colegios. Una de las cosas que más me angustia desde que tengo un hijo es verle desamparado o pasando miedo. No puedo soportarlo. No es que lo haya visto, es que no puedo soportar la idea de que tal cosa ocurra.

Ayer, mientras la Policía -obedeciendo órdenes ilegítimas y probablemente ilegales del Partido Popular- montaba un régimen de terror en el centro de Madrid contra las personas que decidieron salir a la calle a mostrar pacíficamente su rechazo al Rey y a la monarquía, la casualidad quiso que viera el twit que hay un poco más abajo: la Policía quiere ir a los colegios de nuestros hijos a explicar no sé qué cosas. Y la casualidad quiso también que me encontrase esta mañana con la foto que ilustra este post. Un niño, junto a su madre, rodeado por tres gorilas, y aterrorizado por los agentes antidisturbios.

No sé: cuando una persona está haciendo su trabajo y se encuentra con un niño en estado de shock y aterrorizado, trata de calmarlo, hace algo, sobre todo, cuando es directa o indirectamente el causante del estado del niño que, siempre, y al margen de lo que haya hecho o dejado de hacer su padre, es inocente. Los policías no hacen eso. A estas alturas ya sabemos que una de las tareas no escritas de la policía española es aterrorizar a la gente, y eso nuestros agentes lo hacen con mucha profesionalidad, porque tienen décadas de entrenamiento. Y saben que una de las cosas que más desequilibra a un padre o a una madre es un niño desamparado y con miedo, por eso, hacen lo que se ve en la foto: amedrentar indirectamente a los padres a través de los niños. No sé lo que hubiera hecho yo en esta situación. Lo más probable, es que hubiera agredido al agente, con toda la intención de causarle el mayor daño posible, y el más irreversible, haciéndole tragar el patinete que se ven en el suelo. Sólo el miedo a dejar definitivamente al niño separado de su padre hubiera podido calmar mi ira.

No es algo aceptable, ni normal, que lo padres tengamos miedo de que la Policía se acerque a nuestros hijos. Debería tranquilizarnos ver policías cerca de los colegios. Yo, sin embargo, cuando los veo a las puertas del cole de mi hijo, que es público, no puedo evitar preguntarme si estarán para proteger el colegio o para controlar a los cabecillas del AMPA. Sé que esto es una exageración, pero es que la foto que acompaña estas líneas es una exageración, como lo es que muchos días después de una huelga vayan policías a casa de huelguistas a detenerles, o que los policías confisquen en la calle insignias políticas que son exhibidas pacificamente… Son exageraciones, pero son cosas reales que están sucediendo en España.

Yo voy a estar pendiente, por si acaso la Policía consigue colarse en el colegio de mi hijo para darles alguna charla. Irán, sin duda, los más simpáticos de entre ellos, pero exigiré estar en el aula, mientras la policía habla con mi hijo y con sus compañeros, para explicarles que, a pesar de que llamamos a la Policía cuando nos robaron en casa, y nos atendieron muy amablemente, pero aún no han recuperado ni uno sólo de los recuerdos de los abuelos que les robaron a papa y a mama, a papá esos policías tan simpáticos ya le han multado dos veces por acudir a manifestaciones en las que se defendía el hospital donde están los médicos que le cosen la barbilla cuando se cae de la bici, o el colegio en el que sus profesores se desviven para ayudarle a superar sus dificultades. También aprovecharé para enseñar a esos policías tan simpáticos la foto que encabeza estas líneas y para pedirles que nos expliquen a todos cuál es la necesidad que tenían de aterrorizar a ese pobre niño, que podía ser cualquiera de ellos.

Tengo dos amigos policías. Uno de mis abuelos era policía. No creo que haya que disolver a la Policía, entre otras cosas, porque hay mucho mangante en la casta y alguien se tiene que ocupar de ellos. No puedo evitar pensar en mis amigos y en mi abuelo (policía en la República) cuando me pasan estas cosas por la cabeza, porque sé que, probablemente, ninguno de ellos hubiese dejado a ese niño, ni a ningún otro niño, desamparado. Pero lo que hay es lo que hay, y cada vez somos más los ciudadanos que nos sentimos amenazados y no protegidos por laPolicía.

Venga... meta ruido por ahí



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