Una niña lleva a su abuela a votar el 9N.  La foto es de don Domingo Mir.

Una niña lleva a su abuela a votar el 9N. La foto es de don Domingo Mir.

Una nota rápida, porque tengo muy poco tiempo. A la luz de los datos de lo ocurrido ayer, creo que en esto de la consulta de ayer en Cataluña, se han pillado ambas partes las manos, pero también creo que hay salida. Voy a explicarme.

En primer lugar, el Gobierno de España, que con su actitud ha convertido en un relativo éxito (luego lo explicaré) lo que podía haber sido un fracaso estrepitoso de los independentistas. Si no se hubiera empeñado en interpretar la consulta inicial como anticonstitucional (porque no lo era, o al menos había vías que ya expliqué en otro post, para considerarla legal y constitucional), ayer –hoy lo tengo claro- la opción independentista habría perdido el referéndum con un margen mucho mayor que en Escocia. Pero el gobierno prefirió seguir la vía tan irracional y española del ordeno y mando, la interpretación estrecha de la Constitución y la amenaza, que sigue hoy, por cierto. Y con su empeño de considerar lo de ayer como una movilización política, lo han convertido en un éxito gigantesco. Ya quisiera yo que cualquiera de las movilizaciones políticas en las que participo tengan el apoyo de dos millones de personas y el nervio organizativo que han demostrado los independentistas catalanes. Y parece que el gobierno ha decidido seguir alimentando a los independentistas, ya que hoy hemos desayunado con amenazas de desatar una caza de brujas para determinar si la organización de 9N fue delictiva o no, y en su caso, perseguir a los culpables. ¿Hasta dónde van a llegar? ¿Van a perseguir a los miles de directores de colegios e institutos en los que estuvieron las urnas, por ejemplo? Si yo fuese independentista, estará deseando que ocurriese tal cosa.

Pero también los independentistas se han pillado las manos. Cuando el calculador Artur Mas planteó la gigantesca encuesta de ayer como una alternativa políticamente válida a la consulta prohibida, los dirigentes de ERC tuvieron dudas sobre si apoyarlo o no, y finalmente, cedieron al chantaje patriótico-sentimental de Mas, apoyando lo que no era otra cosa que una tremenda encuesta como si fuera el propio referéndum. Ya a partir de ese momento, empezar a actuar como si lo de ayer fuera a ser un referéndum válido. Y ahí se pillaron las manos ellos también, quizás porque calcularon que iba a salir más gente a la calle. Un 30 por ciento de participación, por más que el 80 por ciento de los que votaron fuera en sentido favorable a la independencia, no es suficiente para nada. ERC, que es la única fuerza política que, en mi opinión, ha actuado honestamente en todo este proceso, sin ocultar sus objetivos, sin dobles juegos ni cálculos torticeros, como ha sido el caso de CiU, se equivocó al aceptar el órdago de Mas: no debían haber jugado a que lo de ayer era la consulta prohibida, porque no lo era. No puede ser un referéndum válido aquel en el que se vota en urnas de cartón semiabiertas, en el que hay mesas presididas por los grandes líderes de una de las opciones, o hacer un referéndum sin el padrón electoral…

Todo eso, que habría sido normal en una protesta política, es inadmisible en un referéndum. La diferencia es que dos millones de personas participando en una protesta es un éxito sin precedentes, mientras que un 30 por ciento de participación en un referéndum de autodeterminación es algo prácticamente irrelevante. Hoy, sin duda, los comentarios en las tertulias políticas y radiofónicas serían muy distintos a lo que están siendo.

¿Y a dónde hemos llegado? Pues creo sinceramente que a donde querían Mas y Rajoy, al escenario en que ambos se sienten más cómodos, y que no es otro que el eterno tira y afloja de la transición, un escenario en el que quienes queremos las cosas claras nos desesperamos. ¿Y qué podemos hacer? Bueno, eso es más complidado, pero en mi opinión, estamos abocados a buscar una solución negociada, una solución negociada en el que el eje no debe ser España / Cataluña, sino izquierda / derecha, derechos /recortes, público /privado, estado /mercado. Harán mal quienes se limiten a decir que lo de ayer no vale nada, no tiene consecuencias, porque “sólo” tuvo un 30 por ciento de participación. Están despreciando a 2 millones de personas (el 20 por ciento de las cuales votaron no, por cierto). Pero harán mal también los independentistas si pretenden enrocarse en sus posiciones en torno a ese 30 por ciento.

Como Mafalda, hago un llamado a las izquierdas catalanas y españolas para ponernos a trabajar en crear un modelo de estado que sea realmente integrador y que no abandone a nadie. Es cierto que la España del 78 ha fracasado estrepitosamente en lo que a la cuestión nacional se refiere. Pero es que ha fracasado también en lo que a la cuestión social se refiere (y quizás eso es lo que ha hecho que cada vez más amplias capas obreras y populares se sumen a las reivindicaciones nacionales). Las izquierdas ibéricas deben ponerse a trabajar en un modelo de estado que nos ampare a todos, un estado común y no central, un estado popular y no nacional, un estado que nos permita a todos resistir a los ataques que vienen a Barcelona, a Madrid, a Bilbao y a Benalmádena desde Bruselas, Berlín y Washington.

El problema no es España, el problema es la Constitución de 1978 y el modelo político que se ha instituido a su amparo. Derribémoslo juntos.

Venga... meta ruido por ahí



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