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A derecha y a izquierda, los medios del régimen están celebrando lo que quieren presentarnos como un batacazo de Podemos -en este artículo hablo intencionadamente de Podemos y no de Catalunya sí que es pot- en Cataluña. ¿Se ha producido ese batacazo? Y si se ha producido, ¿a qué se ha debido? Sin duda, el resultado de Podemos en Cataluña ha sido decepcionante y no se corresponde con las expectativas, pero también era previsible. Por dos razones: la primera, que las expectativas no tenían ninguna base real, y la segunda, que Cataluña está sumida en un debate esencial sobre su relación con el conjunto de España ante el que Podemos ha tenido una actuación bipolar: por un lado proclamando su apoyo al derecho a decidir, y por otro, algunos de sus principales líderes, entre otros el propio secretario general Pablo Iglesias, comprometiéndose a que si llega a presidente del Gobierno, convocaría un referendum de autodeterminación vinculante y él apoyaría el no.

En mi opinión, ha sido una forma un tanto suicida de presentarnos a estas elecciones catalanas, y lo digo en primera persona porque, como saben ustedes, yo formo parte de Podemos desde hace ya cerca de un año. Suicida, porque el tema de la independencia cruza actualmente el debate político en Cataluña y no es posible pasar sobre él con un ni sí ni no, pero suicida también, porque el discurso ambivalente ante la independencia refleja un alejamiento de uno de los principios políticos de Podemos: la ruptura constitucional.

Podemos es visto, y ahí está su fortaleza y de ahí procede el apoyo que recibe de muchos sectores sociales, como un partido decididamente rupturista con respecto al régimen de 1978, y partidario de abrir un proceso constituyente que suponga un cambio real, y la construcción de una nueva democracia en la que nos sintamos representados todos y que no deje a nadie en el desamparo, como ha acabado ocurriendo con la Constitución del 1978. Desde la poda del Estatut por parte del Constitucional, en Cataluña esa ruptura es la independencia. Aquello supuso que gran parte de la izquierda que no lo era, se hiciera independentista, y arrastró al nacionalismo moderado de derechas a posiciones mas radicales. Por eso, porque en Cataluña ruptura es independencia, Podemos debería haberse puesto clara e inconfundiblemente en el lado de la independencia: ese “convocaré un referendum y apoyaré el no” debería haber sido un “convocaré un referendum y apoyaré el sí”.

La supuesta neutralidad y equidistancia entre el sí y el no a la independencia, al amparo del derecho a decidir, es en realidad, una posición de camuflaje del sector más abierto del nacionalismo español, especialmente, cuando quien explica esa posición es Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, hablando desde Madrid, y diciendo que si su partido gobernara, los catalanes no querrían la independencia. Difícilmente se puede adoptar una posición más paternalista, y no me resulta difícil imaginar el rechazo que estas palabras debieron suscitar en buena parte de la izquierda, independentista o no. A mí me llamaron muchísimo la atención. Este tipo de declaraciones podrían haber tenido cierto eco hace unos años, pero desde la poda del Estatut a manos del tribunal Constitucional, sencillamente, carecen de todo tipo de credibilidad.

Hechos son amores y no buenas razones. Es muy posible que Pablo Iglesias tenga razón, y que si Podemos tuviera fuerza política suficiente, se pondría en marcha un proceso constituyente en toda España, que entre otras consecuencias, tendría una importante: la recuperación de la credibilidad, y la confianza en que entre todos queremos construir un estado común y no central. Sin embargo, hoy por hoy, eso no es así, y por eso, la posición de Podemos debe ser de apoyo a la independencia, como la forma que ha adoptado la ruptura en Cataluña.

Creo, además, que este discurso centralista y con tintes nacionalistas españoles ha perjudicado no sólo a la imagen de Podemos en Cataluña. También ha perjudicado a ICV, que, hasta la fecha, había conseguido presentarse como lo que era: una fuerza política catalana para la que el tema de la independencia no es central, por lo que en él convivían independentistas con personas que no lo eran. Ahora, ICV ha aparecido de la mano de una fuerza política, Podemos, cuyo líder ha dicho que en un hipotético referendum de autodeterminación apoyaría el no.

En fin, que no sé si ha sido un batacazo. Lo que sí sé es que si realmente el tema de la independencia es neutro para nosotros, si trabajamos por la ruptura con el régimen del 78, debemos hacerlo de forma coherente y consecuente. En el régimen del 78, que es el que hay, en Cataluña, ruptura es independencia, y con el régimen del 78 vigente, deberíamos apoyar, sin duda, el sí a la independencia.

Otra cosa, evidentemente, es que el régimen del 78 fuera historia, pero es ya es política ficción.

Venga... meta ruido por ahí