Histórica-autoescuela-León

I

No sé si les he contado mi experiencia con las taquilleras del Hermitage, pero es lo mismo, porque se lo voy a contar ahora. Por lo visto, entre los turistas de baja estofa que visitan San Petersburgo -alemanes y gente de similar calaña- es habitual tratar de engañar a las taquilleras del mencionado museo para colarse como visitantes rusos, ya que éstos pagan menos entrada que los extranjeros. Sin embargo, y según la mencionada leyenda urbana, las dichas taquilleras son capaces de captar el más mínimo matiz o acento, y detectan a los extranjeros casi por el sonido de su respiración, por muy hábiles que sean estos en la imitación de la sibilante pronunciación rusa. Pues bien, acerquéme hace un par de años a la taquilla del hermitage y con el aplomo que me caracteriza dije:

-Два билета, пожалуйста, (dos billetes, por favor).

A lo que la taquillera, sin siquiera mirarme, respondió a la gallega, con una pregunta:

– Для россиян или иностранцев? (¿Para rusos o para extranjeros?

A lo que yo, inocente, respondí:

– Иностранцев. (Extranjeros).

La taquillera, sin mirarme, simplemente escuchando lo que yo le pedía, pensó que podía ser ruso y me ofreció billetes para ruso. Así de listo soy yo.

Este episodio no pasó inadvertido para la señora de Royo-Villanova, que lo presenció, aunque no lo entendió hasta que se lo traduje.

La vanidad me pierde…

II

Hace ocho años, cuando decidí retomar mis estudios de ruso, cometí un gran error: dije en voz alta, ante testigos, entre los cuales estaba la señora de Royo-Villanova que cuando supiese todo el ruso que pueda saber, aprendería a conducir. Este verano, he traducido una gran cantidad de canciones rusas que he publicado aquí. Así que la señora de Royo-Villanova lo ha presenciado y ha reclamado el pago de la deuda que dejé pendiente, recordándome el episodio del Hermitage. Al parecer, ya sé todo o casi todo el ruso que puedo aprender en España, y para aprender más debo viajar a Rusia e instalarme allí un tiempo en concepto de inmersión lingüística, al objeto de dejar de hablarlo con calculadora, entrenar el oído y adquirir fluidez.

III

No soy utilitarista: creo que merece la pena estudiar sólo por el mero placer de saber. Pero creo también que ese impulso debe orientarse a conocimientos útiles, como la lengua rusa. No veo utilidad de ninguna clase en el conocimiento del manejo de vehículos automóviles; hasta ahora no lo he necesitado, y estoy seguro de que he pasado ya el ecuador de mi presencia en este valle de lágrimas, por lo que es poco probable que lo necesite en lo porvenir… Sin embargo, como consecuencia de mis errores y de mi vanidad, desde ayer estoy matriculado en una autoescuela, para que un sujeto que probablemente tiene veinte años menos que yo, que no tiene la menor idea de qué es el imperativo categórico, que conoce a duras penas el español con un amplio dominio de todos sus errores, y por supuesto se desenvuelve perfectamente en esa lengua de primates que es el inglés, me enseñe a hacer algo tan absurdo, vulgar e inútil como conducir un coche.

IV

Un viejo conocido mío, licenciado en derecho y alto funcionario, tardó meses y meses no en sacarse el carnet, sino en aprobar el teórico. Cómo no fue capaz de aprobarlo por sus propios medios, movió sus influencias -que las tenía- y consiguió que le examinaran en el turno de analfabetos, y sólo así consiguió aprobar el teórico.

No seré yo tan inteligente…

Venga... meta ruido por ahí



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