Me acusan algunos, aquí y allá, de ser equidistante, pero no lo soy, y se lo voy a explicar. Yo creo que hay que hacer un referéndum, al menos, para conocer de manera cierta e inapelable qué es lo que quieren los catalanes y las catalanas sobre la independencia. Y no creo que me equivoque si digo que ese referéndum se puede articular legalmente, si hay voluntad política para ello. Creo que se puede hacer incluso sin reforma legal ni constitucional alguna.

Creo que los independentistas han organizado mal el referéndum, y quedaron abocados a hacerlo inviable. Hay cosas que sin un ejército que las garantice, pues no se pueden hacer, sencillamente. No tengo claro si los independentistas, al menos algunos de ellos, no buscaban más bien llegar a esta situación, en lugar de convocar un referéndum útil. Y creo que entre los partidos independentistas sólo la CUP actúa honestamente y dice exactamente lo que quiere, mientras que PDCAT trata de sobrevivir como puede a la descomposición, y ERC intenta por todos los medios heredar el papel que tuvo CiU en las décadas de hierro del régimen del 78.

Pero sobre todo, creo que el responsable último de haber llegado a esta situación no es otro que el Partido Popular y el Gobierno de la Nación al que parasita, por dos razones: la primera es que el separatismo empezó a ser en Cataluña una opción con fuerza real cuando el PP bloqueó institucionalmente el Estatut de 2006, votado por el Parlament, las Cortes generales y el pueblo de Cataluña, bloqueo ante el que multitud de ciudadanos y ciudadanas catalanas se sintieron fuera del juego democrático del régimen del 78; pero sobre todo, el Partido Popular es responsable, más que responsable, es culpable de la situación de bloqueo político e institucional que vivimos, porque no ha sido capaz de ofrecer una alternativa al Estatut que boicoteó, y ha utilizado la Constitución y la Ley no como un marco de libertad, sino como un tapón a los anhelos políticos -buenos o malos, justos o injustos, legítimos o no- de la gente, obviando todo debate y estableciendo una política cuartelera y autoritaria en Cataluña y en el resto de España.

Por eso, no soy equidistante: en la inmensa batalla política que hay planteada en España estos días, me posiciono inequívocamente como aliado de la CUP, ERC, PDCat, de Podemos, de IU, y de las fuerzas democráticas en general, para resistir la deriva autoritaria y la anulación efectiva de nuestros derechos civiles y democráticos a la que nos conduce el Partido Popular, cuyo único interés, por cierto, no es la unidad de España, sino la protección de sus negocios, ilegales, inmorales y sucios en su mayor parte.

Por eso, no, no soy equidistante: estoy con la democracia y estoy, junto con otras personas con las que tengo coincidencias y discrepancias, contra el Partido Popular, contra el Gobierno, y contra un régimen político, el de 1978, que cada vez muestra más carencias a la hora de garantizar nuestros derechos sociales y políticos.