Quiero decir algo sobre el asunto de las “portavozas”. Empecé combatiendo el término, hasta el punto de que participé en una conversación que llegó a alcanzar un cierto grado de tensión con otras compañeras y algunos compañeros. Y como siempre, en la reflexión posterior sobre la conversación y el mal rollo que había quedado, reparé en que estaba obrando simple y llanamente por un prejuicio, por una idea preconcebida que me impedía ver dos cosas.

La primera, que me movía por impulso de un simple tic machista de esos que nos inculcaron de niños en la educación y que muchos intentamos identificar y cancelar, que es lo que me hacía discutirlo hasta la saciedad, creyendo cerrar el tema con la discutible afirmación de que “portavozas” es incorrecto; y la segunda, que en realidad no es un debate lingüistico, donde probablemente encontremos argumentos a favor y en contra de la corrección de “portavozas”, sino que es un debate en primer lugar político. Es decir, no vale decir: “no, si yo estoy a favor del lenguaje inclusivo, pero es que en este caso no es correcto gramaticalmente”.

Bueno, ya veremos cómo resolvemos el problema gramatical luego, pero primero hay que resolver el problema político: hay “portavozas”, y no las podemos esconder detrás del término “portavoces”, que durante décadas -y al margen de que pueda tener una forma femenina heredada de “voz”- se ha referido exclusivamente a los hombres que hablaban en nombre de alguien, es decir, en el imaginario de la gente, “portavoz” es una palabra masculina. Y eso es muy dificil de cambiar, mucho más que una norma. Una de las primeras cosas que hiz el gobierno soviético fue un cambio en la ortografía del ruso para simplificarla. Es decir, las normas se cambian instantáneamente, pero el imaginario colectivo tarda siglos en formarse y cambia muy lentamente. Por eso, hace falta una palabra que designe a las mujeres que hablan en nombre de alguien.

Decía que lo que hay detrás del debate gramatical o lingüístico es que la existencia de las “portavozas” es un hecho definitivo. No es algo accidental, no son dos o tres que dejarán de serlo en algun momento y las aguas volverán a su cauce de portavoces masculinos y con corbata. Cuando esto se asuma realmente, entonces, habrá que ver cómo las designamos, qué nombre les ponemos. Y a mí, la verdad es que el término de portavozas no me parece mal. Portavoz es un sustantivo que se refiere a una persona, y aunque tenga una forma gramatizalmente femenina, heredada de “voz”, en el imaginario de la gente es masculina, así que no veo el problema en añadirle una a para crear el femenino de un término masculino que gramaticalmente también puede ser masculino, ya que termina en consonante.

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