Hoy he comido con unos amigos el famoso cocido de la La Bola. Una decepción. Si eres un turista japonés, igual te mola ese rollo, pero a mí no me ha gustado nada, la verdad. Es algo totalmente industrializado y preparado para los turistas.

De entrada, llama la atención que mientras vas por los pasillos camino de la mesa que te tienen destinada, te encuentras por todas partes mesas con platos llenos de fideos cocidos (y luego compruebas que demasiado blandos, pasados). Esos platos te los ponen luego a ti, y viene el camarero y te vuelca sobre ellos una vasija de barro llena de caldo.

Dicen que es de tres vuelcos, pero en realidad es de dos, ya que cuando acabas la sopa (por supuesto no puedes repetir, porque el caldo de cada comensal viene medido en el cantarito) vuelve el camarero y te vuelve a volcar sobre el plato las carnes, todo mezclado, pero muy medido: un trozo de tocino, un trozo de gallina un poco durilla, unos garbanzos, algo de patata, un trozo mínimo de morcillo, todo de golpe, formando una montaña de comida en el plato bastante incómoda de manejar.

Y por si fuera poco, aparece de nuevo el camarero preguntando quién quiene verdura, y si dices que la quieres, te monta una cucharada de repollo sobre la antedicha montaña. Y ahí hay que meter el tenedor con mucho cuidado para que no desborde la comida el plato.

Bueno, pues vale. Está rico, porque claro, si se ponen a cocer carnes y verduras con garbanzos, pues sale un caldo rico y está todo bueno, pero eso no es un cocido de tres vuelcos, eso es echarle comida al perro. Muy para turistas con la historia de las jarritas de barro individuales y eso, pero eso no es un cocido. Yo lo siento, pero no vuelvo.

Y si quieren comer un buen cocido, como se debe comer el cocido, es decir, con una mesa en la que hay una sopera a disposición de los comensales y bandejas de carnes, verduras y garbanzos, con su relleno o bola, incluso, les voy a hacer dos recomendaciones:

Una, la tradicional: Restaurante Malacatín, para comer cocido con babero. Riquísimo, abundante y sin concesiones al turisteo. Mención especial hay que hacer en Malacatín a los codillos de jamón, que cuecen enteros, y quedan tiernos, sabrosos, nada fibrosos, saladilllos, riquísimos, y a la pata de cerdo, cada vez más difícil de encontrar incluso en los cocidos caseros. Volveré, de hecho, ya he estado varias veces…

La otra recomendación el el Restaurante Nuevo Horno De Santa Teresa, un descubrimiento reciente. Se trata de un cocido espectacular, en la línea del de Malacatín, en el que te dejan las bandejas en la mesa para que cada cual coma a su gusto y mezcle caldo, garbanzos, verduras, carnes y tocino… De este cocido me ha llamado la atención tres cosas: una, que el caldo está primorosamente desgrasado; dos, el repollo, que a la vista parece cocido de menos, pero que está realmente espectacular, al dente, y con un rehogado muy bueno. Y finalmente, lo que más me ha gustado de este cocido: los huesos de caña, con su tuétano. En mi familia nos pegábamos por el tuétano, así que es algo que agradecí mucho. Sin duda, volveré.