Salven al delfín calderón

Unos llevan la fama y otros cardan la lana. España es mundialmente conocida por sus corridas de toros, ya saben ustedes, unos espectáculos sangrientos y crueles -otrosí de aburridísimos- que tenemos a bien organizar en España, espectáculo en el que el toro y el torero luchan en supuesta buena lid -mentira: mueren muchísimos más toros que toreros- y en el que el público acude con el convencimiento de que va a asistir a seis dolorosas muertes ovinas cada tarde, y con suerte a una humana. A los españoles de pro, a los patriotas verdaderos, nos avergüenza que se nos conozca fuera por este tipo de espectáculos, mientras que a los casposos les gustan mucho las corridas y alegan en defensa de su mantenimiento que el toro es un animal noble que nace para morir, que disfruta en la lidia, que si no fuese por la fiesta la especie no existiría, y soplapolleces similares o por el estilo que de ambas formas se puede decir. Pero como decía antes, unos llevan la fama y otros cardan la lana.








