Vaya por Dios
Por don Lucien de Peiro
Eran aproximadamente las 10 de la mañana del pasado Sábado. Estaba un servidor desayunando unas galletas, que mojaba en leche fría, cuando sonó el timbre de la puerta de mi domicilio. No son horas a las que uno espere visitas, pero me levanté, caminé unos pasos hasta el recibidor y abrí la puerta. Dos señores perfectamente trajeados, repletos de esa pastosa amabilidad que a uno siempre le hace sospechar, me pedían unos momentos de atención. No recuerdo sus primeras palabras, tan sólo recuerdo al único de ellos que, de hecho, abría la boca en el momento de extraer, de una maleta que llevaba colgada de su hombro derecho, unos ejemplares de la revista Atalaya. Seguir leyendo →

