Estoy en el centro de mi mundo, y soy incapaz de ignorar tal cosa.

La alternativa republicana

23/07/2021

Cuando dentro de 100 ó 150 años, ya con perspectiva histórica suficiente, se estudie la historia de España del siglo XX, se hablará de lo que hoy llamamos régimen del 78 o de la transición como la II Restauración, estableciendo una suerte de continuidad o paralelismo histórico y sobre todo político entre la restauración de la monarquía de Alfonso XII y la de Juan Carlos I. Y es que, efectivamente, ambos regímenes comparten mucho, en especial que ambos se sustentan sobre distintos tipos de caciquismo y son regímenes profundamente corruptos. Sin negar el carácter realmente democrático del régimen actual, quiero con este paralelismo simplemente señalar que comparten una monarquía que lastra a España ya que de ella cuelga un pesado sistema de corrupción empresarial y política.

Cánovas y Sagasta se repartieron y gobernaron un régimen político supuestamente democrático en el que las elecciones eran sencillamente una ceremonia para darle una legitimidad puramente cosmética a los turnos en el gobierno. Las elecciones eran irrelevantes, porque los votos se decidían en la mesa camilla del caciquismo más pegado al terreno, y se recogían mediante un sistema de favores y clientelismo que mantenía la estabilidad política y tenía en la cabeza del régimen al hijo y al nieto de una reina extremadamente corrupta como fue Isabel II, aquella reina cuyo empeño por construir la estación del Norte de Madrid en una parcela orientada al sur y en la parte orográficamente más baja de la capital jamás entendieron los ingenieros franceses encargados de la obra, hasta que alguien les explicó que la razón era que aquellos terrenos y los colindantes eran propiedad de Su Majestad. La corrupción dinástica, heredada de Isabel II, chorreaba por los sumideros del estado hasta las charcas del caciquismo de base territorial en el que se fundamentaba la supuesta democracia que diseñó Cánovas y administró en dulces turnos con Sagasta.

El régimen de 1978 es muy parecido al de 1876: Un Rey extremadamente corrupto, que hasta se ha permitido echar la bronca a funcionarios honestos por intentar comprar petróleo a precios razonables para los españoles, por no perder sus indecentes comisiones, está en la cabeza de un régimen político entregado a una oligarquía integrada por unas pocas grandes fortunas que hacen y deshacen a su antojo, comprando a buena parte de lo que en los últimos años se ha denominado la casta política, con sobres en B, financiación ilegal de partidos políticos, sobresueldos y sobornos. La monarquía de Juan Carlos I se ha consolidado como garantía de toda una red corrupta de negocios en torno, principalmente al sector parasitario de la construcción, y protegida en lo ideológico por el mito de la Transición, que ha ido evolucionando según lo han necesitado los gobernantes en cada momento, y que desde la época de Aznar se ha ido estrechando y ha pasado de incluir a todos a excluir a todos aquellos que lo cuestionasen mínimamente.

Todo esto, y mucho más es lo que nos cuenta don Hugo Martínez Abarca en su libro «La alternativa Republicana«, un libro magníficamente escrito y muy entretenido de leer, que no es un libro de historia, sino, como él mismo señala en la introducción, una propuesta política para un nuevo republicanismo que sea alternativa al republicanismo tradicional y nostálgico de la II República. Martínez Abarca nos propone un republicanismo desvinculado de la izquierda, un republicanismo que pueda ser encarnado por un presidente de derechas, como lo fueron tanto el republicanismo de la I como el de la II República; un republicanismo para la III República, o para la república del siglo XXI, que nos sirva para librarnos del lastre que ha supuesto para España la monarquía corrupta de Juan Carlos I y todo lo que ha colgado de ella; un republicanismo, en definitiva, para una república radicalmente democrática, europea y liberal en el mejor de los sentidos que pueda hacer frente a los problemas que nos plantea el siglo XXI: medio ambiente, igualdad, profundización en derechos…

En definitiva, les recomiendo vivamente que lean este libro en el que don Hugo nos habla de la república del futuro como alternativa a la monarquía de hoy pero, sobre todo, nos plantea la necesidad de construir un republicanismo alternativo. Como dice un amigo mío, la república no tendrá oportunidad alguna en España, mientras no la reclamen en las calles ciudadanos y ciudadanas agitando la bandera rojigualda…

¿Encontraremos finalmente a nuestro don Niceto?

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